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miércoles, 8 de enero de 2014

La maldición del Canal de Panamá


08/01/2014

María Camila Morales

Arrancó el 2014 y en Panamá empiezan a recordar los estragos de la conquista española. Si algo dejó claro aquella época es que El Dorado no existe y que en tierras latinoamericanas el engaño no solamente le funciona a los “extranjeros”.

La constructora Sacyr Vallerhermoso S.A. (con sus socios belgas, italianos y panameños) quería enriquecerse con la ampliación del Canal de Panamá. Eso se llama “hacer negocios” o simplemente capitalismo. Pero lo que no sabían en Panamá era que los españoles estaban arruinándose (prefieren llamarlo problemas de flujo de caja) y que la mega obra interoceánica era su única salvación. Un proyecto que les permitiría, gracias a la generosidad de Panamá, volver a llenar sus cuentas bancarias y posiblemente terminar la ampliación del Canal.

No fue ni es nada nuevo el sistema de las licitaciones en América Latina que opta por las obras baratas. Un proceso que preocupa al Banco Mundial y al Banco Interamericano de Desarrollo. ¿Cuál es el modus operandi?

Gana la licitación el proponente con la cotización más baja (por lo general extranjero con alto pedigrí y experiencia).  El gobierno otorga el proyecto al precio menor ofrecido para ahorrar en sus presupuestos. Pero entre más inverosímil es la cifra, más “amistad” se crea entre los intermediarios de los diferentes equipos que negocian. Y cuando ya está en la mitad de las obras, el consorcio pide millones de dólares adicionales argumentando “imprevistos” o “causa mayor”.

Con este tipo de “sorpresiva” solicitud por arte de magia aparece la cifra real de la licitación. Pero frenar la construcción de infraestructura, se convierte en un fracaso para los gobiernos y prefieren, en la mayoría de casos, pagar este nuevo sobrecosto. Cuando optan por acudir a la justicia, el tiempo los perjudica y los costos también.

El modus operandi es finalmente corrupción o fraude, maquillado como una licitación pública en la que participan las empresas, abogados, ministerios y entidades de control que se prestan al juego de voluntades superiores. Y la fórmula suele funcionar.

El Grupo Unidos por el Canal, liderado por Sacyr, aplicó en el 2009 al pie de la letra la receta que sabe utilizar para venderse a los gobiernos y políticos. No en vano tiene procesos pendientes por incumplimiento de contratos en Murcia, Sevilla o Tenerife. Además los colombianos recuerdan los siete años de proceso con el Estado por la carretera del Magdalena Medio (Commsa) que Sacyr no entregó escudándose en problemas de licencias ambientales y “costes inasumibles”.

Pero ni los líos jurídicos ni saber que su ex presidente Luis del Rivero está imputado en el mayor caso de corrupción del Partido Popular, conocido como “Papeles Bárcenas”, preocupó a Ricardo Martinelli. Para los 100 años del Canal, los españoles dejarían (una vez más) su huella en América Latina.

Ahora resulta que a los cálculos de Sacyr y socios, les quedaron faltando 1.600 millones de dólares para completar la ampliación. Insisten que no es culpa de ellos sino de la Autoridad del Canal de Panamá. Explican que hubo una equivocación en las proyecciones geológicas de los panameños y están dispuestos a llevar el error a arbitraje internacional.

Lo que no deja de sorprender en este escándalo es la complacencia de los dos gobiernos. Lo que los franceses llamarían : laisser-faire institucional.

La Autoridad del Canal de Panamá, que regula las relaciones dentro del Canal, venía funcionando sin pena ni gloria pero demostrando que podía administrar el 5% del transporte marítimo mundial sin necesidad de los estadounidenses. Por eso la ampliación debía ser la prioridad, para iniciar una nueva era frente a los desafíos del tráfico de buques de mayor calado y sobretodo de los proyectos de Nicaragua (canal) y de Guatemala (carretera).

En España ahora la prensa está descubriendo las artimañas (contabilidad a futuro y no real) de Sacyr para engañar a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) pero en vez de denunciarlo, la Ministra de Fomento, Ana Pastor, viaja a blindar el nombre de España en Panamá.

Mientras tanto en el istmo se acuerdan hoy de los cables de Wikileaks (revelados en diciembre del 2010), en los que la embajadora de Estados Unidos, Bárbara Stephenson, transmite a su gobierno la preocupación del canciller Juan Carlos Varela. Un desastre, habría comentado el jefe de la diplomacia panameña añadiendo “uno no puede hacer chapuzas con el Canal […] cuando uno de los licitantes hace una oferta de 1.000 millones de dólares inferior a la del siguiente, hay algo que está muy mal.” No obstante, Martinelli le dio su apoyo a Sacyr y fue a inspeccionar los avances para felicitarlos en el 2013.

La ampliación del Canal no es más que una radiografía de la corrupción que tanto denuncian los europeos pero con la cual colaboran (o instigan) en América Latina.

Queda ahora por ver, quién facilitará el dinero para que no se interrumpan las obras. El diario El Confidencial escribe que Sacyr está en discusiones con el Banco HSBC y con Banesco. Los norteamericanos están muy pendientes del arbitraje. Y desde la distancia, la chequera de los chinos está lista para nuevas inversiones.

Sin embargo, bien se pregunta en su blog Guru Huki: ¿quién acabará pagando el pato del sobrecosto de las obras de la ampliación del Canal de Panamá?. Y da tres opciones: los ciudadanos españoles e italianos vía algún préstamo blando encubierto otorgado a Sacyr e Impregilo, los panameños vía más impuestos o los accionistas de los socios del consorcio.


Pero desde ya deberíamos sumar a las opciones una lista con los responsables ante la justicia. Si la farsa de la licitación de la ampliación del Canal de Panamá queda sin culpables no habremos aprendido mucho desde los espejismos que vendían los conquistadores a su reino.

lunes, 2 de diciembre de 2013

¿Está América Latina preparada para el Bitcoin?


02/12/2013
  
María Camila Morales

El Bitcoin o moneda virtual ya está en América Latina y pocos son los gobiernos a los cuales les interesa entenderlo. Desconocimiento o negación, ninguna de las dos explicaciones es válida ya que podría ser para algunos latinoamericanos una forma de salvación frente a estrictos controles cambiarios y/o una alternativa para ganarle a la inflación.

En el 2009, el Bitcoin fue creado por Satoshi Nakamoto. Al parecer un genio matemático japonés pero según investigaciones de la revista The New Yorker, se trataría posiblemente de un pseudónimo. Detrás del Bitcoin se escondería un juego de criptografía y de especulación potenciado gracias a la tecnología: dígitos sin monedas destaca en su artículo Joshua Davis; la creación de una divisa internacional sin ningún soporte real ni legal, lejos de todo control institucional.

Su valor se obtiene simplemente por oferta y demanda sin  intervención gubernamental o de algún Banco Central. El Bitcoin vive en un mundo aparte que gestiona un programa (software) que va “soltando” en la red cantidades de “dinero virtual” de  acuerdo a un cálculo preciso.

Su circulación ya no se limita a una pequeña comunidad de sabios internautas. Los lucrativos resultados frente al dólar están contagiando con sed de “bitcomercio” a simples usuarios y sobre todo a jóvenes. El 1 de enero del 2013, un bitcoin se cambiaba por 12 dólares pero en noviembre alcanzó 1.000 dólares en la bolsa virtual de Tokio (Mt.Gox).

El número de transacciones diarias ya supera las 70.000. Aunque en Estados Unidos, se registran solamente 2% de las mismas, la cifra ahora es lo suficientemente importante como para preocupar a los senadores.

Una reacción lenta en Washington en cuanto a los peligros de este nuevo invento de la red: ¿moneda (currency) o sistema de intercambio privado? Los expertos no se ponen de acuerdo.  

Lo que si saben es que el Bitcoin no necesita bancos y no reporta las transferencias a ninguna autoridad financiera. La compra y venta es anónima (existen códigos para el paso de persona a persona pero se desconocen los nombres), no tiene comisiones y se puede tener acceso gracias a una conexión Internet (computador o smartphone), no tiene límite de monto y es rápida.

Un panorama propicio para el lavado de dinero y la financiación del terrorismo, advierte el FBI. Sin olvidar evasión fiscal. Un bajo mundo que llegó a su máximo apogeo con el portal Silk Road. Allí se podía pagar por droga, armas y hasta falsos pasaportes con Bitcoins.

En América Latina, los argentinos (que prefieren el portal Bitpagos.net) son los usuarios más avanzados en las transacciones con moneda digital. Algunos explican que se protegen así contra las devaluaciones y el control cambiario. El portal Turismo Supremo en Venezuela ofrece viajar al exterior sin pasar por el Cadivi (autoridad de control cambiario) mientras que en Brasil los foros acerca del “bitshopping” interesan más que las rebajas en los almacenes.

Pero fuera de ser una alternativa tecno-libertaria es también una herramienta mejor adaptada para el e-comercio internacional. Un campo donde todo está por hacer en América Latina. No solamente para obtener ganancias sino para crear empleos y desarrollar infraestructura tecnológica.

El Bitcoin más que una máquina de hacer dinero, como titulaba el diario La Nación  es una filosofía: menos intervenciones del Estado producen más riqueza y felicidad. No es una actitud nueva en la historia de la economía pero esta vez tiene - gracias a la tecnología - proporciones mundiales.

Puede que se trate de un fenómeno de moda como casi todo en Internet.¿El Bitcoin será lamentablemente una gran burbuja especulativa o la divisa del futuro?. El 2014 nos traerá las respuestas.

martes, 19 de noviembre de 2013

La hipocresía de los Derechos Humanos con Cuba

19/11/213

María Camila Morales

Vergüenza. ¿Qué más se puede sentir cuando anuncian que Cuba será parte del Consejo de Derechos Humanos de la Onu?

No podemos negar que hay un proceso de cambio en la isla, pero no hay que exagerar. El comunismo fracasó y los hermanos Castro han dejado que el capitalismo entre a cuentagotas para que “La Revolución” no muera. Sin embargo, el respeto de los Derechos Humanos no ha sido la prioridad en su “actualización del modelo económico” .

En las cárceles cubanas sí hay prisioneros políticos y el debido proceso es una gran falacia. Difícil comprobar su estado de salud porque las autoridades locales no dejan ningún tipo de verificación humanitaria. Pero los familiares saben que hay torturas, insalubridad y sobre todo negación de su estatus jurídico. Según Elizardo Sánchez Santa Cruz, de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, hay más de 80 prisioneros por razones políticas y 15 más están en libertad condicional (13 de ellos hacen parte del Grupo de los 75). Dentro de la variedad de lugares de encierro forzado hay: centros de detención, cárceles y campos de trabajo.

Algunos nombres como Angel Yunier Remón Arzuaga, alias “El Crítico” rapero de profesión, que canta su defensa por los Derechos Humanos y es miembro de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU)  está en la cárcel desde el pasado mes de marzo. Varias peticiones por su liberación circulan por Twitter (#freeElCritico). Así la disidencia le pone un rostro al drama de aquellos que no están de acuerdo con el régimen y tienen la valentía de decirlo.

No hay que olvidar que en la isla junto a los lujosos hoteles para turistas (suponemos defensa del derecho universal a las vacaciones) a los cubanos se les prohíbe la libre expresión, asociación y reunión. No hay elecciones libres desde 1959 y la pena de muerte es un instrumento más de reserva para gobernar.

Sin embargo, al mirar la lista de nuevos miembros del Consejo de Derechos Humanos de la Onu, Cuba no es el único país cuya elección resulta absurda.

China, Rusia y Arabia Saudita. No falta día en la prensa internacional en la que alguno de estos tres países se destaque por las bofetadas que le dan a la Carta de las Naciones Unidas. No se termina de leer la introducción del importante texto que se firmó en 1945 en San Francisco, cuando se entiende que ninguno tiene autoridad moral para defenderlo como lo estipula su pertenencia al Consejo de Derechos Humanos.

Entonces, ¿por qué votan los demás Estados por aquellos que son ejemplo de represión, intolerancia, segregación y demás  características de regímenes despóticos y dictaduras maquilladas?

Algunos politólogos dirán que es una estrategia para un mejor control de los mismos. Pero el caso de otros países que fueron miembros como Libia (Muammar Ghaddafi) o Zimbabwe (Robert Mugabe), complican la certitud de dicha teoría. Su participación en el Consejo de Derechos Humanos de la Onu fue ante todo una luz verde para seguir reprimiendo pero con salvoconducto internacional.

Habrá igualmente en la prensa explicaciones de relaciones internacionales o geopolíticas, pero ninguna sirve para justificar semejante irresponsabilidad. Simplemente es impresentable que en un foro de las Naciones Unidas que pretende afianzar los Derechos Humanos voten por Cuba (Rusia, China, Arabia Saudita).

Una complicidad con los tiranos que olvidamos con gran facilidad pese a los esfuerzos de la Onu por velar por los valores democráticos y por la paz.

En 1964, El Che Guevara afirmó en Nueva York: “hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario” y recibió más aplausos que criticas. Hoy en día podemos decir que en Cuba los votos para acceder al Consejo de Derechos Humanos de la Onu son equivalentes a aquellos aplausos.








miércoles, 13 de noviembre de 2013

Colombia: ¿Dejar las armas y pelear por los votos?



*Hernando Salazar

¿Está lista Colombia para aceptar que antiguos guerrilleros ocupen curules en el Congreso de la República después de dejar las armas y firmar la paz?

Esa es una de las preguntas que más se hacen por estos días en Colombia y en otros países, después de que el gobierno de Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) llegaron a un acuerdo en materia de participación en política, una vez se firme el fin del conflicto armado interno más antiguo de América.

La respuesta, o las respuestas, a esa pregunta no están claras y dependen de muchos factores.

En primer lugar,  que la guerrilla efectivamente quiera dejar las armas y lanzarse a la lucha política, donde los triunfos se miden en votos. Eso es lo que ha ocurrido en muchos otros procesos de paz alrededor del mundo.

A mediados de los años 80 del siglo pasado, cuando hubo un proceso de paz con el gobierno de Belisario Betancur y se acordó una tregua, algunos guerrilleros de las FARC ocuparon curules en el Congreso por primera vez en la historia del país.

Uno de ellos fue “Iván Márquez”, el actual jefe del grupo de las FARC que negocia con el gobierno Santos en Cuba. “Márquez” fue miembro de la Cámara de Representantes a nombre de la Unión Patriótica, el movimiento político que surgió del proceso de paz.

Luego, en las elecciones presidenciales de 1986 el candidato presidencial de la UP, Jaime Pardo Leal, alcanzó una votación histórica para la izquierda, que superó los 400.000 votos.

Después, cuando Pardo fue asesinado y el proceso de paz se rompió, “Márquez” retomó las armas. Ya había comenzado la matanza de los miembros de la Unión Patriótica, a quienes acusaban de ser el brazo político de las FARC. La cifra de muertos supera los 3.000.

Todavía se desconocen los detalles del acuerdo firmado la semana anterior en La Habana en materia de participación política para las FARC, pero el anuncio ya ha producido efectos.

Uno de ellos es la oxigenación de un proceso que lleva un año, donde se discuten cinco puntos y se han logrado acuerdos en dos. Otros, la subida en las encuestas de la decaída imagen del presidente Santos y los duros ataques de la derecha, encabezada por el ex presidente Álvaro Uribe y el procurador general (inspector general), Alejandro Ordóñez.

Uribe, quien hizo un proceso de paz con los paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), consideradas, al igual que las FARC, como terroristas por Estados Unidos y la Unión Europea, llamó irónicamente “virgencitas” a los guerrilleros que podrían llegar al Congreso. Y el procurador, que ejerce el poder disciplinario sobre todos los funcionarios públicos del país, dijo que no se explicaba por qué la “algarabía” alrededor de los acuerdos anunciados en La Habana.

La pregunta sobre el futuro de las FARC en el Congreso se da en el contexto de nuevas acusaciones en contra de ese grupo, a quien el Ministro de Defensa señaló en las últimas horas de querer atentar contra el ex presidente Uribe y el Fiscal General de la Nación, Eduardo Montealegre.

El jefe negociador del gobierno en La Habana, el ex vicepresidente Humberto De La Calle, dijo que si se produjeran esos atentados, eso significaría algo así como la muerte del actual proceso de paz.

En medio de todas estas preguntas y acontecimientos, Santos logró que el Congreso aprobara la posibilidad de que se haga un referendo donde el eventual acuerdo que se firme con las FARC sea sometido a la aprobación o reprobación de los electores el mismo día en que se realicen las próximas elecciones al Congreso o de Presidente de la República, en marzo o mayo de 2014.

Muchos analistas consideran que esa es una carta difícil de jugar en un país como Colombia, donde el conflicto armado de medio siglo ha dejado tantas y tan hondas heridas en la sociedad.

El gobierno dice que quiere darle más legitimidad a los eventuales acuerdos. Sin embargo, el hecho de que esa posibilidad se concrete mediante una ley no obliga al gobierno a hacer un referendo en caso de que firme la paz con las FARC. Esa es una carta que puede mantener guardada y que solo jugaría en caso de tener aseguradas las mayorías.

Por ahora, todas las miradas están puestas en el 25 de noviembre, que es la fecha máxima para que el presidente Santos anuncie si aspirará o no a una reelección por cuatro años más. Y de lo que no cabe duda alguna es que el proceso de paz de La Habana seguirá incidiendo sustancialmente en la agenda electoral de Colombia.

* Periodista, asesor de comunicaciones, profesor de ética periodística Universidad Javeriana, ex corresponsal de la BBC.